En un contexto donde la relación entre líderes y equipos se transforma constantemente, Peñaranda lo tiene claro: liderar hoy implica mucho más que dirigir. “Ahora, más que nunca, hay una conversación con la parte humana. No se trata solo de trabajo, sino de acompañar a las personas en todo su ‘employee journey’”, afirma. Esta mirada más empática y consciente del liderazgo se traduce en una gestión que pone el foco en el bienestar, la coherencia y la calidad humana.
Y es que, como explica, no basta con tener buenas intenciones: hay que convertirlas en acciones visibles. Desde Farlabo, esa apuesta por un liderazgo coherente se refleja en comportamientos observables y en una cultura que fomenta la valentía para tener conversaciones complejas. “En el área de Personas tenemos que conseguir que las cosas pasen y anticiparnos. Eso requiere autoconocimiento, autorregulación y una inteligencia emocional brutal”, señala.
Este enfoque, profundamente humano, cobra aún más sentido en un sector como el de la distribución de marcas de lujo, donde la exigencia es alta y la capacidad de adaptación, imprescindible. “Buscamos personas con sensibilidad estética y afinidad con el producto, pero también con resiliencia y capacidad de adaptación. La magia en los equipos sucede cuando hay flexibilidad y transparencia”, explica. Para Peñaranda, encontrar ese equilibrio entre excelencia y cercanía es uno de los grandes retos —y también una de las mayores oportunidades— del sector.
Al mirar hacia el futuro, Mónica insiste en que el liderazgo no podrá desligarse de habilidades como la inteligencia emocional, la integridad y el pensamiento crítico: “A veces damos por sentadas estas competencias, pero son las que realmente marcan la diferencia. La tecnología puede ayudarnos a ser más eficientes, pero la conexión humana sigue siendo insustituible”. Y añade: “No se trata solo de saber usar herramientas, sino de tener criterio propio, de cuestionar, de ser honestos también con nuestras áreas de mejora”