En el ámbito del derecho tributario español, una cuestión de notable interés práctico y doctrinal es la naturaleza del régimen fiscal especial aplicable a los contratos de arrendamiento financiero, comúnmente conocidos como leasing. La controversia principal radica en determinar si este régimen, actualmente regulado en el artículo 106 de la Ley 27/2014 del Impuesto sobre Sociedades, es de aplicación imperativa para los contratos que cumplen sus requisitos, o si, por el contrario, se configura como una opción que el sujeto pasivo puede decidir ejercitar o no.
La interpretación dominante, sostenida tanto por la Dirección General de Tributos como por la mayoría de la doctrina, ha sido tradicionalmente la de la obligatoriedad. Según esta postura, si un contrato de leasing cumple las condiciones legales (duración mínima, desglose de cuotas, etc.), el arrendatario está obligado a deducir la parte de las cuotas correspondiente a la recuperación del coste del bien, en lugar de la amortización contable del activo.
Sin embargo, un análisis profundo de la evolución histórica y la finalidad de la norma ofrece sólidos argumentos para defender su carácter opcional.
Evolución histórica y finalidad de la norma
Para comprender la naturaleza del régimen actual, es fundamental realizar un recorrido por su historia legislativa, marcada por la interacción constante entre la normativa fiscal y la contable.
- El origen (Real Decreto-ley 15/1977 y Ley 61/1978): La primera regulación fiscal del leasing buscaba armonizar el tratamiento tributario con el contable. En ese momento, la totalidad de la cuota de arrendamiento se consideraba un gasto contable y, en consecuencia, fiscalmente deducible. El lenguaje imperativo de la norma («tendrá la consideración de gasto deducible») no configuraba una obligación para el contribuyente, sino una regla para la correcta determinación de la base imponible.
- Primeras limitaciones (Ley 26/1988): La Disposición Adicional Séptima de esta ley introdujo correcciones para mitigar el efecto de la amortización acelerada, como la exigencia de una duración mínima del contrato o la no deducibilidad de la parte correspondiente a activos no amortizables (como los terrenos). El objetivo no era crear un régimen especial y obligatorio, sino limitar la deducibilidad que ya permitía el régimen general del Impuesto sobre Sociedades. De hecho, la norma utilizaba la expresión «podrá deducirse«, sugiriendo un derecho y no una imposición.
- El cambio contable (Plan General Contable de 1990): La aprobación del nuevo PGC supuso un punto de inflexión. El arrendatario pasó a contabilizar el bien como un activo inmaterial y a deducir su amortización según su vida útil, no la cuota pagada. Esto generó una divergencia entre la contabilidad y la fiscalidad. Para preservar el tratamiento fiscal ventajoso del leasing, la Disposición Final Séptima del Real Decreto 1643/1990 estableció una excepción expresa al principio de inscripción contable, permitiendo seguir deduciendo la parte de la cuota correspondiente a la recuperación del coste. Es un argumento clave entender que una norma que establece una excepción a una prohibición general (anticipar un gasto fiscal a su registro contable) difícilmente puede interpretarse como una obligación. La expresión «resultarán deducibles» refuerza la idea de un derecho potestativo.
- Coexistencia de regímenes (Ley 43/1995): Esta ley formalizó la existencia de dos regímenes: uno especial (art. 128), que recogía el incentivo de la amortización acelerada, y uno general (art. 11.3), que se alineaba con el tratamiento contable. A pesar de que la Administración consolidó su criterio de obligatoriedad para el régimen especial, el análisis de la tramitación parlamentaria revela que la voluntad del legislador era mantenerlo como un incentivo fiscal para la inversión empresarial.
- Régimen vigente (Ley 27/2014): La ley actual elimina la regulación expresa de un «régimen general» para el leasing (el antiguo art. 11.3). Por tanto, la alternativa al régimen especial del artículo 106 es simplemente la aplicación de las reglas generales del impuesto: deducir el gasto por amortización contabilizado. La supresión de la norma que establecía la incompatibilidad entre ambos regímenes refuerza la tesis de que el régimen especial es una opción preferente, pero no obligatoria.

Argumentos a favor del carácter opcional
Basado en el análisis histórico y teleológico, el carácter opcional del régimen especial del leasing se fundamenta en las siguientes consideraciones:
- Naturaleza de incentivo fiscal: El régimen especial permite una amortización fiscal acelerada, lo que constituye un claro beneficio financiero para la empresa. Los incentivos fiscales, por su propia naturaleza, son voluntarios. Resulta contradictorio que la propia Administración lo considere un «derecho» a efectos de regularización por incumplimiento, pero una «obligación» a efectos de su aplicación.
- Excepción a principios generales: El régimen es una excepción a los principios de devengo e inscripción contable. Una excepción legal otorga una facultad o un derecho, no impone una obligación.
- Ejercicio voluntario: La aplicación del régimen especial no es automática. Requiere un acto voluntario del contribuyente: realizar un ajuste extracontable negativo en su declaración del Impuesto sobre Sociedades. Este acto es materialmente idéntico al ejercicio de una opción tributaria.

¿Es posible cambiar de régimen a mitad del contrato?
Por otro lado, surge la pregunta de si el contribuyente puede alternar entre el régimen especial y el general durante la vida del contrato.
En este caso, no puede descartarse la existencia de un riesgo cierto de que la Dirección General de Tributos pueda iniciar un eventual procedimiento de comprobación o inspección. En consecuencia, y con el objetivo de minimizar posibles contingencias fiscales y reducir la exposición a eventuales regularizaciones, mantener el régimen de amortización que el contribuyente ha venido aplicando de forma continuada hasta la fecha podría considerarse la alternativa más segura, prudente y alineada con el principio de seguridad jurídica.
En conclusión, aunque la postura oficial de la Administración Tributaria ha sido la de la obligatoriedad, existen argumentos jurídicos sólidos, basados en la evolución histórica, la finalidad de la norma y su propia mecánica de aplicación, para defender que el régimen fiscal especial del leasing es un incentivo de carácter opcional. Esto otorgaría al contribuyente la facultad de elegir en cada ejercicio el método de deducción que mejor se adapte a su situación económica y fiscal.